Uno de los factores que hace que nuestro deporte sea muy particular en comparación con la mayoría de los otros es que el tiempo que tenemos para practicar está limitado por las leyes de la física asociadas al movimiento en un campo gravitacional (leyes de la caída libre y aerodinámica). Esto hace que nuestra práctica, de cierta forma, sea contrarreloj.
A esto se suma el hecho de que cada salto requiere bastante logística y tiempo, pues no podemos estar en caída libre o volar nuestra campana sin antes haber llegado a determinada altura, utilizando algún tipo de aeronave.
En consecuencia, no podemos prolongar el tiempo de práctica tanto como quisiéramos, a diferencia de otros deportes.
Si pensáramos en nuestro deporte en términos de tiempo, como los 90 minutos de un partido de fútbol, nos damos cuenta de que para entrenar ese tiempo en caída libre, tendríamos que hacer alrededor de 120 saltos (pensando en una caída libre de 45 segundos). Por cada uno de esos saltos, debemos invertir mucho más tiempo para alcanzar la altura adecuada, ya que puede que la aeronave tome de 15 a 20 minutos en llegar a dicha altura.
En nuestra práctica, el tiempo es oro, por lo tanto, es fundamental aprovecharlo de la mejor manera para obtener el máximo rendimiento en nuestro entrenamiento. Por esto, es esencial preparar repetitivamente todas las fases de nuestro salto mientras estamos en tierra. Además de optimizar nuestro aprendizaje y desempeño tanto en caída libre como bajo campana, esto también nos permite estar lúcidos para reaccionar adecuadamente en caso de imprevistos o emergencias.
Aunque muchas personas tienden a enfocarse únicamente en entrenar lo que sucederá en la caída libre, el salto comienza desde que nos llaman a equiparnos y termina cuando dejamos nuestra campana en la zona de empaque. Por este motivo, debemos preparar en detalle todo lo que va a ocurrir desde antes de abordar la aeronave hasta el momento del aterrizaje.
Condiciones meteorológicas previas al embarque
Conocer la dirección e intensidad de los vientos (tanto en tierra como en altura), el espesor y la altura de las nubes, la temperatura ambiente, las posibles fuentes de turbulencias y térmicas presentes en nuestra zona de aterrizaje nos permite tener criterios objetivos al momento de decidir si es seguro o no abordar la aeronave para el salto.
Adicionalmente, estos factores nos ayudarán a anticipar el procedimiento de aterrizaje, minimizando los riesgos asociados a las condiciones meteorológicas.
Por ello, antes de cualquier salto, debemos revisar las mangas de viento de la zona de aterrizaje, medir la velocidad del viento con un anemómetro, obtener información sobre los vientos tanto en tierra como en altura (recomendamos las aplicaciones Windy o Winds Aloft by Mark Schulze), reconocer el estado de las nubes y verificar las mareas si estamos cerca de la playa.
También es muy útil observar los aterrizajes de los paracaidistas del salto anterior y obtener información de los instructores que acaban de aterrizar, para anticipar riesgos asociados a las condiciones específicas y cómo estos pueden interactuar con los obstáculos o peligros presentes en la zona de aterrizaje.
Debemos recordar que aterrizar en zonas diferentes a la planeada siempre es una posibilidad. Por ello, es necesario revisar las aerofotografías para identificar posibles zonas alternativas y ser conscientes de sus obstáculos.
Respetando los propios límites

Usualmente, solemos pasar por alto nuestros límites cuando queremos participar en saltos con grupos. Sin embargo, es nocivo y puede resultar peligroso sobrepasar nuestras capacidades por seguir la presión o la emoción de participar en saltos grupales.
Procedimientos en la aeronave
En la preparación del salto, nunca está de más repasar las reacciones adecuadas ante una emergencia de la aeronave, dependiendo de la altura a la que nos encontremos. También debemos tener claro cómo manipular correctamente los cinturones y las alturas a las cuales la puerta debe permanecer abierta o cerrada.
Además de las emergencias, debemos saber cómo nos vamos a ubicar en la aeronave, no solo pensando en la seguridad y el buen desempeño de nuestro salto, sino también considerando la seguridad de otros grupos o paracaidistas en el vuelo, según su disciplina y número de participantes.
Posición en la puerta y salida
Nuestra posición dentro de la aeronave debe determinarse según nuestro rol durante el salto, para que podamos colocarnos en la puerta de la forma más efectiva y segura al momento de la salida: los floaters más cerca de la puerta, luego la base y, por último, los divers.
La posición específica en la puerta se define según nuestra función en el salto, lo que nos permite optimizar el desempeño y maximizar la seguridad durante la salida y la caída libre.
Es crucial ensayar varias veces la forma en la cual nos ubicaremos en la puerta, prestando especial atención a cómo nos aproximamos a nuestra posición, protegiendo siempre las manijas y evitando exponer nuestro contenedor a la fricción con el marco de la puerta o los cuerpos de otros paracaidistas, ya que esto podría provocar aperturas prematuras.
Es necesario practicar en repetidas ocasiones el procedimiento de ubicación en la puerta junto con la salida de la aeronave, utilizando la maqueta (mockup), con el fin de garantizar una salida segura y eficiente.
Caída libre
La visualización y la repetición son clave para una caída libre exitosa. Ensayar el salto en tierra (“dirt diving”) varias veces con nuestros compañeros, para interiorizar las posiciones específicas de cada uno y las transiciones clave, aumenta las probabilidades de éxito, al identificar detalles sobre la secuencia que seguiremos durante la caída libre.
Es importante también tener claro las posiciones peligrosas asociadas al salto, ya que la posición de la burbuja (o estela) cambia dependiendo de la modalidad que estemos practicando.
Plan de separación
Establecer una altura determinada y un procedimiento específico para separarse en saltos grupales o de trabajo relativo es crucial para la integridad de los participantes, minimizando los accidentes asociados a colisiones bajo campana.
La altura y el procedimiento de separación dependerán del número de participantes y la modalidad practicada. Sin embargo, el manual de información de los paracaidistas de la USPA, en su sección 6-1 (saltos grupales), establece que la altura mínima de separación debe ser:
– Para grupos de menos de 5 personas: al menos 1,500 pies por encima de la altura planeada de apertura más alta dentro del grupo.
– Para grupos de más de 6 personas: al menos 2,000 pies por encima de la altura planeada de apertura más alta dentro del grupo.
La altura de separación es estrictamente inamovible y debe respetarse rigurosamente.
Altura de apertura
Aunque en la sección de requisitos básicos de seguridad del manual de la USPA (SIM, sección 2) se establecen las siguientes alturas mínimas de apertura del contenedor, cada zona de salto tiene la potestad de aumentar estas alturas en pro de la seguridad de los paracaidistas. Por eso, debemos conocer la normativa de nuestra zona local y respetar la altura de apertura planificada al pie de la letra. Entre menos altura tengamos, menos tiempo habrá para reaccionar ante situaciones de emergencia.
Plan de aterrizaje
Aterrizar en la zona planeada sin contratiempos es lo que todos deseamos en cada salto. Por esta razón, es de fundamental importancia determinar la intensidad y dirección del viento, tanto en tierra como en diferentes alturas, para trazar un plan de navegación que involucre una zona de espera y un patrón de aterrizaje adecuados según las condiciones meteorológicas. De ahí la importancia de analizar las condiciones meteorológicas antes del salto, utilizando las herramientas y aplicaciones recomendadas previamente.
Dado que las condiciones son variables e impredecibles, es crucial que, tan pronto como estemos bajo campana, comencemos a verificar repetitivamente la altura, nuestra posición relativa al suelo, el tráfico de paracaidistas y la manga de viento en tierra. Esto nos permitirá modificar nuestro plan de navegación conforme a las condiciones reales.
Altura de decisión
Tener claridad sobre nuestra altura de decisión es de vital importancia, ya que esta es la altura más baja a la cual deberíamos tener claro si vamos a aterrizar con nuestra campana principal o la de reserva, así como el terreno en el que aterrizaremos.Es por esto que este criterio debe definirse durante nuestra preparación previa al salto, siendo conscientes de las posibles zonas alternas de aterrizaje y sus obstáculos.
Conclusión
Preparar cada momento de nuestro salto de manera detallada y sin prisa no solo garantiza que obtendremos el mayor aprendizaje, sino que, aún más importante, minimiza los posibles riesgos de seguridad. Por este motivo, la planificación de cada salto debe formar parte de nuestros hábitos y rutinas como paracaidistas.Referencias bibliográficas
• USPA, Manual de información del Paracaidista, edición 2023 – 2024. Sección 2: (Requerimentos básicos de seguridad).
• USPA, Manual de información del Paracaidista, edición 2023 – 2024. Sección 6.1: (Saltos grupales y trabajo relativo).




